Malas voces

Soy consciente de que últimamente me enfado con mucha más facilidad.

Enfadarse o no es algo que depende no ya de las circunstancias, sino de tu actitud hacia las circunstancias. pero tu actitud depende de cómo te cuentas a ti misma lo que ocurre. Y resulta que últimamente me lo cuento de muy mal rollo.

Podría decirme a mí misma “qué bien, otra oportunidad de invertir mis ingresos en una propiedad personal pero de uso comunitario, qué privilegio”, y sin embargo me digo “perfecto, otra vez a soltar pasta ahora que estoy sin trabajo para aportar el 100% de los puñeteros bienes comunitarios, qué ilusión, a ver cuándo llega la revolusión”.

Podría decirme a mí misma “qué bonito, tengo la oportunidad de compartir otra tarea común, de poner al servicio de los demás todo eso que he aprendido yo solita sin que nadie me lo explicara ni me hiciera la mitad”, y en lugar de eso pienso en cómo me cae mi parte más 50% de la otra, porque yo sé hacer cosas que nadie se va a molestar en aprender.

Podría decirme a mí misma “qué bien haces en estructurar los turnos para poder compartir tu tiempo libre”, y en vez de eso pienso “imbécil, hazlo al revés, parecerá bien que te reserves tiempo si es para trabajar o hacer la colada”.

Podría decirme a mí misma “qué suerte tengo al ser tan adaptable y poder hablar el idioma de otros” y en ves de eso me digo “¿cuándo voy a poder escuchar mis propias palabras?”.

Y eso es lo que hace que me enfade. Lo que me digo en tono tan negativo.

Pero si intento positivarlo, salta la alarma. la alarma de “se aprovechan de ti,  tomarán lo que des sin que te pidan, pero no recibirás si no pides y por tanto pagarás dos veces”.

La ira tiene una función. Pero yo no le saco provecho. Sólo pienso de la manera fea y me siento mal. Aunque quiera pensar lo contrario, al manera fea surge siempre, porque es fea, pero es la verdad.

Los vecinos gitanos del edificio donde yo vivía antes (esos mismos que tenían aterrorizada a la tía de mi ex, fundamentalmente por existir y encima existir en el mismo distrito que ella) tenían una política vecinal que se basaba en el “vive, deja vivir y no me calientes la oreja”.

Eran en general una gente poco molesta, salvo por hablar muy alto y empeñarse en aparcar el cochecito del bebé de la nuera en el portal, y la bici del niño en la escalera. El hijo pequeño te sujetaba la puerta del portal en cuanto te veía llegar con bolsas, y siempre te daba los buenos días, aunque faltaba al colegio más que Huckelberry Finn.

El hijo mayor llegaba a veces a las dos de la mañana, con su buga tó tuneao, subwofer evidente y ventanillas bajadas, compartiendo con todo el vecindario la pachangada de turno que llevara de banda sonora vital ese día. Por otra parte, podíamos jugar partidas de rol con la ventana abierta hasta las mil y ellos nunca se quejaban. Como decía el pater familias, “yo me levanto a las cinco de la mañana pá trabajar, y no protesto porque el imbécil ese ponga la ópera esa de los huevos por la noche. Cada uno en su casa, y a dejar vivir.”. El imbécil de la ópera era un vecino de mi misma planta al que nunca le vi la cara, pero que una vez nos pegó un berrido de la ostia durante una de nuestras partidas de rol porque le molestaba el ruido. Con lo fácil que hubiera sido un amable “podrían cerrar la ventana mientras simulan escenas de acción, por favor“. Esa noche estaba amonestando en la misma línea “civilizada” al del buga sonoro. Movida, claro.

La filosofía de vive y deja vivir tiene sus límites. No es patente de corso. Pero en general, estoy de acuerdo con el gitano padre.

Yo no persigo a la gente para que haga lo que dice que va a hacer. Yo, en todo caso, procuro dar mi opinión acerca de la corrección de sus decisiones si procede, y tampoco abuso. Pero parto de la idea de que la gente es mayorcita, y si dice que va a hacer X y luego no lo hace, tendrá excelentes motivos. O no tan excelentes, pero no creo que abrasarle le vaya a hacer bien.
Por contra, yo me siento a menudo auditada. ¿No ibas a…? Dijiste que… Creo que te vendría muy bien, como siempre te digo, que…

Yo pensaba que las personas que te hablan así eran extraordinariamente resolutivas y disciplinadas a la hora de cumplir lo que se proponen, con excepción de mi madre, que no lo es pero que da también esa clase de consejos no soilicitados. He descubierto que no, que mi madre encima es de las más consecuentes. Los amigos de la consultoría gratuíta, del couching solidario, simplemente son unos listos. Suelen cerrar más la boca cuando se encuentran con la mala leche respondiendo “ya, y de lo tuyo ¿SE SABE ALGO, CANTAMAÑANAS?” . Pero yo soy como el gitano, procuro vivir y dejar vivir. Y yo no necesito meterle el dedo en el ojo al prójimo a la busca de la proverbial paja para olvidar que no tengo todo bajo control.

Y no es para pensar que el modelo del pico cándidamente vacío de exigencia es mejor. Las versiones que he conocido eran putos bultos con ojos sin arrestos ni ganas de llevar su vida a ninguna parte, pero lo bastante prudentes como para saber que la forma más sencilla de que no te recuerden tus compromisos fallidos es no pedirle a otros que se comprometan en nada. El modelo adolescente de instituto perpetuado hasta la jubilación, de ser necesario.

No deja de ser una forma de vida. Lamentable, pero que me deja en paz. Del agrado del gitano, en suma.

Existe una figura teórica de gente que no te da el coñazo pero que a la vez está dispuesta a apoyarte. Me refiero al apoyo práctico, que en el teórico todo dios es técnico titulado en estructuras. Gente que no necesita que le pidas, porque considera que se les pide a los extraños, no a los tuyos. Gente que te persigue para echarte una mano aunque tú no quieras, y que sabes que no te pasará factura. Es gratis.

Sé que existen, porque a veces los encuentro, y a veces yo soy una. No muy a menudo. Tampoco relleno el tiempo “descubriéndole la verdad sobre sus vida” a los pobres desgraciaos que tengo alrededor, así que imagino que las cuentas salen.

Y luego está el que se coge una berza de la leche porque no le llamaste por su cumpleaños y le importa un carajo todo lo demás, pero  es parte del gen gilipollas que se trastocó en la glaciación.

Punto. Y seguido, supongo.

+++ Una de las razones para permanecer en este empleo del que estoy hasta las narices (cada día es más decepcionante para mí, y eso que el número de palmadas en la espalda crece, lástima que el sueldo no), frente al cambiante pero más oxigenado modo de ganarme el pan que practicaba hasta hace más o menos un año, era la posibilidad de quedarme embarazada.

Dar saltos de aquí para allá no es modo de llevar a buen término un embarazo, ni siquiera los primeros meses. Menos aun cuando la situación legal es oscura y tus posibilidades de seguir cobrando en caso de que haya problemas de salud, borrosas. Menos aun todavía cuando tienes 35 años, la fertilidad empiezan a dividir en vez de a restar y las posibilidades de perderlo si haces demasiados esfuerzos se vuelven más llamativas, por tanto.

Volver al ruedo es volver a la casilla de salida en ese sentido. Peor aun, pues si estás pensando en iniciar una nueva etapa, no es cosa de parar a medio impulso. Antes o después, pero nunca en medio.

Viví bien con la idea de no reproducirme, pues así me pensé y me construí, y mi decisión no estuvo motivada por el miedo, la comodidad o la cobardía, sino por la ideología, la responsabilidad y la coherencia. Viví bien cuando decidí que los tendría, pues acepté de buen grado el cambio de planteamiento, y abracé con afecto mi nueva imagen futura.

No vivo bien con la decisión a medias, con el quizás ni con el veremos. Pues la responsabilidad, la ideología y la coherencia piden una apuesta en serio, una apuesta que cambia la forma de vida que diseñas para el futuro, y no vale dejarlo correr. Porque dejarlo correr es una forma de decir “no” sin tener que asumir el coste de decirlo.

Como el pase en chica del mus, “se fue”…

Es muy probable que septiembre sea mi último mes en esta silla desde la que escribo. Quizás me tome un par de meses en blanco para remates diversos. Y luego, consultaré y decidiré. Pero no empezaré un nuevo año sin saber si debo pensar en tres o en dos.

Agua fría

+++ Cuando era pequeña, mi madre me dijo que cantaba mal. Mi madre dice lo primero que se le pasa por la cabeza, y hoy te puede decir una cosa y mañana la contraria, pero yo entonces era una niña y no lo sabía.

Pasé muchos años creyendo que cantaba muy mal.

A veces, mi fe en mí es proporcional a la fe de los demás.

Ya no soy una niña.

¿ No debería ser distinto?

Yo no como ganado hambriento

+++ Vieja táctica de troll. Es que estoy de exámenes y por eso me concedo el derecho de leer lo que me apetece independientemente de lo que venga escrito, y de contestar a todo de forma muy desagradable.
Entonces a mi cabeza llega Shere Khan, empujado por Kipling a la puerta de la cueva de la madre loba que ha acogido a Mowgli y que no piensa entregárselo a la bestia que mató a sus padres.

– ¡A ti se te antoja y no se te antoja! ¿Eh? ¿Qué música es esa de antojarsete? ¡Por el toro que maté! ¿Voy a andar metiendo la nariz en tu apestosa perrera, para reclamar lo que legítimamente me pertenece? ¡Soy yo, Shere Khan, quien está hablando.

Los rugidos del tigre atronaban toda la caverna. En eso, la Madre Loba se desprendió de los cachorros y saltó hacia adelante, con los ojos relucientes como dos lunas verdes que brillaban en la oscuridad. Furiosa se encaró con Shere Khan, diciéndole:

- ¡Y yo soy, Raksha, quien contesta! El cachorro de hombre es mío, Lungri… ¡Mío, y muy mío! No lo va a matar nadie. Vivirá para corretear con la Manada y cazar con ella; y al cabo te matará a ti! Y ahora, lárgate de aquí, o por el Sambhur que maté (porque yo no como ganado hambriento), ¡que te haré volver junto a tu madre mucho más cojo de lo que viniste al mundo, achicharrada bestia de la selva! ¡Vete!

Y yo, que llevo dos semanas currando como una mala bestia, saliendo con los amigos y pasándolo de muerte a costa de dormir poco, sonrío mientras redacto mis correos con toda premeditación y alevosía y sin escurrir el bulto. Porque yo no como ganado hambriento. Yo cazo ciervos salvajes.

Pis con alto CI

+++ El pis con alto CI es igual de desagradable y moja lo mismo que cualquier otro pis. Determinados sitios cuentan con camas corridas, que no redondas, y uno no siempre elige sus compañeros. Una meada nocturna puede resbalar desde muy lejos hasta tu zona del colchón.

Si te gusta la cama a pesar de los compañeros, hay al menos que elegir puesto con cierta astucia. Lejos. 

Las maldiciones continuan…

Pero no tengo ganas de que me gimoteen por ello.

Así que emigro. Bienvenida, Gárgola.

Blossom

Presuntuosamente, mantuvo el convencimiento de que agua, abono y sol en cantidad suficiente traer�an las flores. "No hay arriates improductivos", pensaba, "sólo carencia de cuidados. Las raíces son fuertes, florecerá tarde o temprano."

Primavera, verano, otoño, invierno… Las estaciones se sucedían, cada una con una poderosa explicación. Fueron las heladas. Fue el viento tardío. Fue la canícula implacable.

Debía saberlo mejor que él mismo pues, poco a poco, el abono fue espaciándose. El agua le era agradable a la tierra, pero la planta pasaba bien si ella. A qué cargar tanta regadera, tanto cubo.

Si al fin y al cabo es planta bella tal como es. Las flores no son imprescincibles. Quién quiere flores, que no son sino un adorno futil y pasajero.

Qué tiene de malo que el verde de hoy sea igual que el de ayer. Por qué razón el regalo de una flor que se abre hoy hace más amable esperar al mañana…

Así que guardó sus aperos y compró un limpiahogar en spray.

Mucho más práctico para cuidar un árbol de plástico.

The world is stone

Stone, the world is stone
It’s no trick of the light
It’s hard on the soul

Stone, the world is stone
Cold to the touch
And hard on the soul
In the grey of the streets
In the neon unknown
I look for a sign
That I’m not on my own
That I’m not here alone

As the still of the night
And the choke of the air
And the winner’s delight
And the loser’s despair
Closes in left and right
I would love not to care

Stone, the world is stone
From a faraway look
Without stars in my eyes
Through the halls of the rich
And the flats of the poor
Wherever I go

There’s no warmth anymore
There’s no love anymore

So I turn on my heels
I’m declining the fall
I’ve had all I can take
With my back to the wall
Tell the world I’m not in
I’m not taking the call

Stone, the world is stone
But I saw it once
With the stars in my eyes
When each colour rang out
In a thunderous chrome
It’s no trick of the light
I can’t find my way home
In a world of stone

El mundo es mediocre

El mundo es mediocre.

Casi por definición. Nuestros sueños elevan el listón a donde el mundo, pobre mundo, no puede llegar.

La búsqueda de la excelencia está condenada al fracaso, aunque a veces un pequeño éxito nos engañe en dirección contraria.

El mundo es mediocre. Gris. Sólo sale de su mediocridad para volverse pesadilla.

Nadamos, libres de recelo, por el mar de la mediocridad, pues las olas que se nos escapan entre los dedos serán sucedidas por otra igualmente mediocre.

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