Dientes afilados, alas desplegadas, la sangre latiendo en las arterias.
Ha sido duro, pero el Dolor, el Gran Dolor con mayúscula, está muerto.
Quedan pequeños esbirros por enterrar. Miserables penas escondidas bajo la cama, traicioneros daños acechando en el armario, en el correo, en una foto.
Y Gárgola disfrutará aplastando sus miserables cuerpos uno por uno.