Archivar paraFebrero, 2007

Buen trabajo

+++ El primer paso es analizar tus sentimientos. El segundo es analizar la realidad.  Si el primer paso es satisfactorio, si te sientes bien, el segundo sólo es curiosidad científica.

Si el primero arroja un resultado negativo, el tercer paso es repasar el modelo.  No quiero ser un jersey viejo. No quiero ser Kierkegaard. Pero si me siento de ese modo y eso me hace infeliz, algo falla en mi modelo .

No es la primera vez que falla. Mi idea de lo que debe ser la amisrtad, las relaciones sentimentales, el trabajo, la participación ciudadana y mil cosas más. No funciona. Es una hermosa utopía, y así lapercibo en algunos ámbitos, pero no en otros.

Por eso me he sentido mal. Ahora me siento bien. Creo que estoy ajustando el modelo mental a la realidad, y encontrando el equilibrio entre el “deber ser” y el “ser”.

Ahora me siento muy bien. Como sé cómo va esto, tarde  o temprano habrá alguna recaída, porque me apenará lo que pudo ser y no fue, o lo que ya no me atrevo a desear. Pero es como el sarampión o las paperas, una enfermedad infantil.

Hay una fuente de equilibrio ahora mismo que se genera en el centro de mí. Todo está bien. Sé lo que quiero, sé lo que debo querer, ambas coinciden.

Espero que dure. Hacía mucho que no me sentía tan bien.

Jerseys Viejos

+++ Hace años compré un jersey de un color marrón indefinido. Aun lo tengo.

Es esa prenda de ropa que siempre te alegras de encontrar en el armario. Cuando ta la pones, la comodidad es absoluta. Es un jersey sufrido que disimula bien cualquier mancha que pueda caerle, se lava en la lavadora, se seca enseguida, no te hace sudar pero abriga, tan cómodo que te olvidas de que lo llevas puesto.

No sé en qué pensaba cuando lo compré. No sé si alguna vez tuvo para mí la consideración de “jersey nuevo” o si siempre fue ropa de batalla. Lo he olvidado.  Es tan cómodo y tan sufrido que nunca pienso mucho en él, la verdad. Es fácil olvidar que está ahí.

Por eso me sorprende cuando mi amiga C. me lo ve puesto y me dice “Siempre me ha gustado muchísmo ese jersey tuyo…”. Y no es la única.

Yo paso entonces la mano por el tejido, y caigo en la cuenta de lo bien que se conserva el tejido. Parece casi nuevo. Pero ya no lo veo bonito. No sé verlo bonito. Sólo confortable. Sólo una prenda de ropa a la que echas de menos cuando pasa demasiado tiempo en el cesto de la ropa sucia, porque estás deseando ponértela y olvidarla…

Es una suerte que los jerseys no tengan sentimientos.