Archivar paraJulio, 2006

Punto. Y seguido, supongo.

+++ Una de las razones para permanecer en este empleo del que estoy hasta las narices (cada día es más decepcionante para mí, y eso que el número de palmadas en la espalda crece, lástima que el sueldo no), frente al cambiante pero más oxigenado modo de ganarme el pan que practicaba hasta hace más o menos un año, era la posibilidad de quedarme embarazada.

Dar saltos de aquí para allá no es modo de llevar a buen término un embarazo, ni siquiera los primeros meses. Menos aun cuando la situación legal es oscura y tus posibilidades de seguir cobrando en caso de que haya problemas de salud, borrosas. Menos aun todavía cuando tienes 35 años, la fertilidad empiezan a dividir en vez de a restar y las posibilidades de perderlo si haces demasiados esfuerzos se vuelven más llamativas, por tanto.

Volver al ruedo es volver a la casilla de salida en ese sentido. Peor aun, pues si estás pensando en iniciar una nueva etapa, no es cosa de parar a medio impulso. Antes o después, pero nunca en medio.

Viví bien con la idea de no reproducirme, pues así me pensé y me construí, y mi decisión no estuvo motivada por el miedo, la comodidad o la cobardía, sino por la ideología, la responsabilidad y la coherencia. Viví bien cuando decidí que los tendría, pues acepté de buen grado el cambio de planteamiento, y abracé con afecto mi nueva imagen futura.

No vivo bien con la decisión a medias, con el quizás ni con el veremos. Pues la responsabilidad, la ideología y la coherencia piden una apuesta en serio, una apuesta que cambia la forma de vida que diseñas para el futuro, y no vale dejarlo correr. Porque dejarlo correr es una forma de decir “no” sin tener que asumir el coste de decirlo.

Como el pase en chica del mus, “se fue”…

Es muy probable que septiembre sea mi último mes en esta silla desde la que escribo. Quizás me tome un par de meses en blanco para remates diversos. Y luego, consultaré y decidiré. Pero no empezaré un nuevo año sin saber si debo pensar en tres o en dos.

Agua fría

+++ Cuando era pequeña, mi madre me dijo que cantaba mal. Mi madre dice lo primero que se le pasa por la cabeza, y hoy te puede decir una cosa y mañana la contraria, pero yo entonces era una niña y no lo sabía.

Pasé muchos años creyendo que cantaba muy mal.

A veces, mi fe en mí es proporcional a la fe de los demás.

Ya no soy una niña.

¿ No debería ser distinto?