Presuntuosamente, mantuvo el convencimiento de que agua, abono y sol en cantidad suficiente traer�an las flores. "No hay arriates improductivos", pensaba, "sólo carencia de cuidados. Las raíces son fuertes, florecerá tarde o temprano."
Primavera, verano, otoño, invierno… Las estaciones se sucedían, cada una con una poderosa explicación. Fueron las heladas. Fue el viento tardío. Fue la canícula implacable.
Debía saberlo mejor que él mismo pues, poco a poco, el abono fue espaciándose. El agua le era agradable a la tierra, pero la planta pasaba bien si ella. A qué cargar tanta regadera, tanto cubo.
Si al fin y al cabo es planta bella tal como es. Las flores no son imprescincibles. Quién quiere flores, que no son sino un adorno futil y pasajero.
Qué tiene de malo que el verde de hoy sea igual que el de ayer. Por qué razón el regalo de una flor que se abre hoy hace más amable esperar al mañana…
Así que guardó sus aperos y compró un limpiahogar en spray.
Mucho más práctico para cuidar un árbol de plástico.