Archivar paraMarzo, 2004

Mitos de nuestro tiempo: Los chicos malos se lo llevan todo crudo III

Más sobre el Bad Boy

Parece que no hay muchas aportaciones a la caracterización del “chico malo”, ese oscuro objeto del deseo por el que todas las hembras nos pirramos. En parte, puede ser porque por aquí no viene casi nadie, cosa que nos parece bien: la gente no siempre usa las papeleras. Por otra parte, los comentarios no funcionan muy bien estos días. Por otra parte (hay más de dos partes, sí, mira que puedes ser limitadito en tu forma de concebir el espacio) es posible que quien lea esto no tenga mucho que decir.

Así que lo diré yo. Creo que un buen número de especímenes catalogados como “chicos malos” suelen portar estas características. El “chico malo”

- le entra a toda aquella hembra que le place en el momento en que le apetece y sin que el rechazo le suponga merma alguna en su autoestima. Podríamos pensar que tal vez no es un tipo especialmente sensible a la opinión que los demás tienen de él, y es muy probable que transmita seguridad en sí mismo. También es muy probable que deje bastante claro que busca sexo. Punto.

- no está desesperado.

Y esto, hijitos, es la madre del cordero. Las mujeres somos capaces de oler la desesperación a KILÓMETROS. Y, por si no lo sabéis, la desesperación es muchísimo más eficaz que el bromuro a la hora de enfriar a una mujer. A mí, particularmente, un hombre desesperado me provoca una irresistible pulsión de meterme a clarisa en un convento malagueño. Bueno, antes pienso en apostar seriamente por el lesbianismo, que yo creo que será cosa de intentarlo con ganas y encontrar una tía que me ponga.

Al leer el párrafo anterior, alguno pensará “¡Ajá! La pillé. Recuerdo perfectamente a Menganito, que era capaz de tirarse a un boniato si el boniato se ponía a tiro. No he visto tipo más lúbrico,y sin embargo bien que ligaba…”

Si pensáis eso, estáis confundiendo el deseo sexual en grandes dosis con la desesperación. Y no es igual. Veréis, yo puedo estar subiéndome por las paredes de ganas de llevarme un macho al huerto. Es muy probable que mi alto índice de lujuria me lleve a ampliar el rango de machos por los que me puedo sentir atraída, incluyendo a alguno que no pasaría el examen en época de vacas gordas. Pero eso no quiere decir que esté desesperada.

Me acercaré a un candidato, con el deseo de que surja plan, por supuesto. Lo evaluaré mientras hablo con él (¡sorpresa! No os lo creeréis, pero no me basta con mirarle el paquete; necesito saber si al menos tiene el número suficiente de neuronas para saber emplear su arsenal en mi provecho).

Y ahí aparece la diferencia. Porque si el tipo no satisface mi examen, me retiraré de escena con la seguridad de que ya conseguiré pareja compatible en otro lado. Un individuo desesperado tiende a NO RETIRARSE, y a apuntalar sus intentos, cada vez más fallidos, con todos los recursos a su alcance, convencido de que no puede elegir: tiene que cepillarse cualquier cosa con vagina que se le ponga por delante. Y resulta que esa cosa soy yo. Una vez visto el cuadro, podéis imaginar las enormes posibilidades que tiene el colega de pasar una noche loca conmigo…

Y entonces el desesperado se irá a por la próxima vagina, y empleará exactamente los mismos recursos. Todos sus recursos. Y le transmitirá a la moza objetivo la clarísima idea de que da lo mismo que sea ella u otra, que al fin y al cabo un aparato reproductor es igual a otro ¿no?.

Pero creo que está quedando fuera de escena el “buen chico”, el “amigo demasiado amigo para que quieras tener algo con él, porque eso pondría en peligro vuestra amistad…”. Puede que a su vez esté apareciendo en el melón de alguien la estúpida idea de que todos los chicos son “buenos” o como mucho “osados y asertivos”. Pues no.

Los chicos malos existen. Los de verdad. Y son unos cabronazos a los que habría que depilar con aguafuerte, pero que desgraciadamente no llevan cartel de aviso. Por supuesto, también tenemos que comentar el exquisito gusto de los varones a la hora de elegir a sus parejas, y como la inteligencia, el ingenio, el espíritu y la simpatía siempre están por delante de las tetas, faltaría más…

Eso se queda para otra entrega.

Mitos de nuestro tiempo: Los chicos malos se lo llevan todo crudo II

Chicos malos: caracterización y taxonomía del varón deambulante.

La idea del chico malo que se lleva a todas las titis de calle carece de una mayor precisión en su caracterización. Esta humilde y granítica criatura no ha conseguido encontrar en sus recuerdos, por más que lo ha intentado, esos modelos de macho innoble y ligón que no dejaban una viva. Así que he iniciado una encuesta, preguntando a mis amigos varones sobre su parecer. Y he extraído estos rasgos del “chicus malensis”:

- le pone los cuernos a su novia, de tenerla.
- es capaz de entrarle a veinte tías la misma noche, por todo el morro.
- de una forma no definida con demasiada exactitud, no trata bien a sus parejas.

Y no he averiguado más. Lo que no me ha dicho nadie es “igualito que Paco Porras, Poli Díaz o Kiko”, de manera que los tiros no van por ahí. Por el bien de la disertación, animo a quienquiera que se haya perdido por aquí a contribuir a la discusión respondiendo a la pregunta :

¿Qué caracteriza a un “chico malo”?

Hala, a comentar. Aunque creo que la cosa se va a quedar en petit comite .