Archivar paraJunio, 2003

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T.S.N.R. Capítulo dos (o de la adicción al romance)

El capítulo anterior se centró en los efectos de la T.S.N.R. sobre el propio sujeto que la crea, y en cómo la confusión de emociones o la negativa a aceptar el deseo sexual como tal puede embrollar el cuadro. Esta situación es normal en la adolescencia y no es infrecuente en la madurez, y sólo supone desventajas para el paciente (a partir de ahora, el tensiónico).

Sin embargo, en este segundo capítulo vamos a hablar de la T.S.N.R. voluntariamente sostenida y de las retribuciones que el tensiónico recibe.
En este sentido, se aprecia una cierta diferencia en el comportamiento según el género. Mantener la Tensión Sexual No Resuelta durante largos periodos de tiempo requiere gran control sobre la propia líbido, así como no considerar prioritario el conseguir la ración de sexo periódica imprescindible, cuestiones en las que la fisiología tiene cierta importancia y el esquema cultural imperante tiene una importancia decisiva.

Antes de proseguir, deseo que quede clara una cuestión: es perfectamente saludable una cierta dosis de TSNR en cualquier relación. De hecho, es parte fundamental del flirteo. Tomemos como referencia un cuadro “chic@ conoce a chic@”. Si tras conocerse, ambos sienten cierto interés por el otro, lo demuestran en forma de pequeñas señales que preparan el terreno. A partir de ese momento, el juego consiste en obtener cada vez más información acerca de la percepción del otro, acercarse cada vez más y a la vez, no poner en peligro la propia autoestima exponiéndose a un rechazo frontal y abierto.

Esta sucesión de tanteos, adelantos y retrocesos es sumamente compleja, a la vez que muy estimulante. Algunos lo han llamado “el juego más divertido”, y ciertamente lo es, si no se prolonga demasiado. También es un periodo de esplendor para la TSNR, que se convierte en el motor del proceso. Sin embargo, con el paso del tiempo se produce un cierto desequilibrio entre los jugadores, ya que inevitablemente uno de ellos asume la iniciativa en los avances. Por supuesto, esto coloca el control en su oponente. ¿Por qué?

Bien, está claro que el participante que intenta acelerar el proceso es quien más incómodo se siente en situación de Tensión Sexual No Resuelta, y quien tiene más urgencia en resolverla. Por otra parte, sigue estando preocupado por no exponer su autoestima y vulnerabilidad emocional en demasía, con lo que al “tira y afloja” externo hay que sumar el interno en ascenso.
Su oponente no puede dejar de darse cuenta del control que eso le otorga. Y aquí puedo describir la sensación, ya que alguna vez, al igual que quienes leeis esto, me he encontrado en ese rol. Para confirmar que eres el elemento que lleva el timón, intensificas el coqueteo, pero siempre se modo muy, muy sutil, de tal forma que con la ley en la mano nadie pueda demostrar que no se trata de una muestra de amistad, aunque nadie dude de que es algo más. Sueltas cuerda. Recoges. Lanzas en otra direccíon. Y compruebas que ahora eres el centro del baile, que la danza va hacia donde tú dices.

Los dos jugadores de este juego son repentinamente conscientes de sus posiciones, y eso intensifica la diferencia en el grado de control de la situación. Entonces, la evolución de la situación tiene tres posibles vías:

a) El sujeto que tiene el control, al que llamaremos A, decide que ya tiene toda la información que necesita, y da la pieza de información definitiva al otro (al que llamaremos B) para que sepa que es bienvenido. La tensión sexual se resuelve. Generalmente, cuanto más alto ha sido el grado de TSNR alcanzado, mayor es la satisfacción en su resolución, siempre que no se haya superado cierto grado de ansiedad.

b) El sujeto A decide que tiene toda la información que necesita, y da señales INEQUÍVOCAS a B de que ha sido rechazado. El proceso le ha servido para revelar en B todos los aspectos que para A son esenciales en su pareja, y B no ha pasado la prueba. Cuanto más largo ha sido el periodo de TSNR, más dura es la caída para B. Podría pensarse que, si A ha mantenido el proceso durante demasiado tiempo, será catalogado por los observadores externos como “elemento peligroso”, y por tanto evitado. Sin embargo, raramente es así, pues se sobrepone la idea de que el problema estuvo en que B no era la persona adecuada, cosa que a veces es cierta y a veces no.

c) El sujeto A nunca tendrá toda la información necesaria, porque el objetivo del juego deja de ser la investigación. El juego en sí mismo es adictivo, y A disfruta tanto con la sensación de poder sobre el medio que prefiere no resolver. De esta manera, la TSNR aumenta cada vez más, convirtiéndose en TSNRAP (Tensión Sexual No Resuelta Anormalmente Prolongada). No obstante, existe un límite cuantitativo que produce cambios cualitativos en la relación. Pues llega un momento en que el juego sólo es divertido para A, mientras que B comienza a sufrir de verdad los efectos de la incertidumbre. Si la situación se mantiene, la corrupción del proceso llega a hacer que tampoco sea agradable para A. En ese momento, generalmente, la situación evoluciona hacia el caso b), sólo que a costes inaceptables a priori.

Es frecuente que, a lo largo de su vida afectiva, una persona experimente ambos papeles A y B. Por lo general, sus escenarios desembocan en a), b) y, con escasa frecuencia, en c).

No obstante, también existen individuos que presentan una frecuencia anormalmente elevada de “caso c)-rol A”, con claros síntomas de ludopatía. Son los adictos al romance, cuyo objetivo al iniciar una situación de TSNR no es valorar si una potencial pareja sexual o afectiva es o no conveniente para ellos, sino jugar y superar el reto de aumentar indefinidamente la TSNR. Raramente son conscientes de su adicción y de los motivos por los cuales crean ese tipo de situaciones. Por el contrario, lamentan sinceramente las bajas que causan en su camino, desconociendo que ellos son los responsables por pervertir las reglas de juego en su favor.

Como recomendación para no caer en estas situaciones de TSNRAP y no padecerlas ni como A ni como B, se han revelado útiles algunas simples medidas preventivas. De ellas hablaremos en el siguiente capítulo, así como de la tipología de los individuos que se encuentran con mayor frecuencia de la normal en el escenario “caso c)-rol B” y las retribuciones que eso les genera.